De la A a la Z: abecedario de aves

De la A a la Z: abecedario de aves

En estos días en los que quedarse en casa es más importante que nunca, te proponemos una manera de aprender un poquito más sobre el mundo de las aves. 

A partir de cada letra del abecedario, te invitamos a descubrir un ave nueva y algunas cosas importantes sobre su vida, los colores de sus plumas o la forma de relacionarse con otras aves de su especie. Ahora que tenemos la oportunidad de escuchar mejor su canto, podemos aprovechar para conocerlas mejor. 

Descubre la galería de nuestra Guía de Aves. 

Abejaruco europeo

Es una las aves más vistosas de nuestra fauna. Tal y como su nombre indica, se trata de un especialista en el consumo de abejas, aunque también se alimenta de otros insectos voladores. Aparte de por su colorido —uno de los más llamativos de las aves europeas—, resulta muy fácil de reconocer por su característico reclamo, que emite constantemente mientras vuela y que puede ser oído desde largas distancias.

Bigotudo (Panurus biarmicus)

De carácter discreto, el bigotudo se encuentra estrechamente ligado a las masas de vegetación palustre entre las que deambula ágilmente en busca de alimento y de las que depende para instalar sus nidos; la vulnerabilidad de estos ante los depredadores (especialmente ratas) cuando quedan al descubierto con los cambios en los niveles hídricos, se ve compensada con un elevado potencial reproductor, que los lleva a realizar hasta cuatro puestas al año.

Codorniz común (Coturnix coturnix)

La más pequeña de nuestras galliformes es un ave ligada a los medios abiertos de la Península y ambos archipiélagos, desde las llanuras cerealistas hasta las amplias extensiones desarboladas de los páramos. Este migrante de largo recorrido y complejos patrones migratorios presenta un alto potencial reproductivo con el que compensa las numerosas bajas que sufre a manos de los depredadores. La caza abusiva y la transformación del hábitat son algunas de sus principales amenazas.

Flamenco común (Phoenicopterus roseus)

Por su notable tamaño y su peculiar aspecto, el flamenco común resulta posiblemente la más espectacular de todas las aves acuáticas que pueblan nuestros humedales. Su estilizada silueta puede ser vista en muchos de nuestros mejores enclaves húmedos costeros mediterráneos y suratlánticos, o en algunas lagunas del interior, como la malagueña de Fuente de Piedra —donde se asienta su principal colonia de cría en España y una de las más importantes de todo el Mediterráneo— o algunas localidades manchegas.

Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides)

El ave que aparece en nuestro logo es una garcilla cangrejera o Ardeola ralloides. En nuestro emblema, la silueta de esta ave se ha ido "modernizando" y hoy luce un diseño más esquemático: hace años era una imagen más figurativa y reconocible. Su nombre científico, Ardeola, da nombre a nuestra revista científica. Se trata de una garza de mediano tamaño, cuya población reproductora se encuentra localizada en unos contados humedales. Su plumaje resulta muy llamativo en época nupcial. Aunque cría entre la densa vegetación palustre, se muestra muy dependiente de los arrozales para alimentarse. Se asocia con otras garzas durante la reproducción para formar colonias mixtas de cría.

Halcón de Eleonora (Falco eleonorae)

Eleonora d’Arborea guerreó contra el rey de Aragón por la independencia de su isla, Cerdeña, y, mientras gobernó —a finales del siglo XIV y comienzos del XV—, promulgó diversas ordenanzas de protección de las rapaces frente a las actividades de cetreros, traficantes y mercaderes. En honor a tan insigne pionera de la conservación de las aves, el naturalista Gené bautizó a este halcón marino, esbelto, ágil y viajero —descubierto en 1836 en uno de los soleados y rocosos islotes mediterráneos que un día ella gobernó— con el nombre de la última regidora de la Cerdeña independiente.

Jilguero (Carduelis carduelis)

El inconfundible y popular jilguero es una de las especies más comunes y extendidas en nuestro territorio, especialmente en el sur y algunos puntos del este peninsular. Ave muy gregaria —sobre todo en invierno—, el jilguero suele agruparse en bandos mixtos con otros fringílidos que nomadean en busca de alimento. En invierno recibimos abundantes ejemplares procedentes de otras latitudes europeas, que se unen a la fracción sedentaria de la población. Debido a su aspecto y vistoso canto es frecuentemente capturado como ave de jaula.

Lechuza común (Tyto alba)

Protagonista de escabrosas historias que la relacionan con la muerte y el mundo de las tinieblas, la estilizada y beneficiosa lechuza común es un eficaz depredador de roedores y pequeñas aves que siente especial predilección por instalarse en la vecindad del hombre, donde ocupa desvanes, ruinas, iglesias y viejas buhardillas. Ave cosmopolita y de dieta poco especializada, esta rapaz nocturna, antes frecuente, está disminuyendo a causa de las actuaciones humanas.

Martín pescador común (Alcedo atthis)

Presente en casi todos los ríos y humedales de la Península hasta hace relativamente poco tiempo, el martín pescador es una de las especies más damnificadas por el deterioro experimentado por las aguas dulces de nuestro país durante las últimas décadas. De espectacular plumaje y vuelo rapidísimo, este coraciforme necesita taludes arenosos para excavar su nido, así como una abundante población de pequeños peces, larvas de insectos acuáticos y anfibios para alimentarse.

Negrón común (Melanitta nigra)

A lo largo del invierno, no es infrecuente observar en las inmediaciones de las costas cántabro-atlánticas o en el litoral gaditano pequeños grupos de unas aves negras que se zambullen activamente a la búsqueda de moluscos. Se trata de negrones comunes, unos patos de tendencias marinas que todos los años aparecen en cierto número en las costas ibéricas como la costa mediterránea (allí pueden ser a veces muy abundantes), donde esperarán hasta que las condiciones climáticas sean más favorables en las altas latitudes donde se reproducen.

Oropéndola europea (Oriolus oriolus)

La espectacular oropéndola, como otras coloridas aves ibéricas, pertenece a una familia de origen tropical. El llamativo tono amarillo dorado del macho, de difícil confusión, añade una fulgurante nota de color en las arboledas españolas. Los hábitos reservados y esquivos de este pájaro, que lo mantienen fuera de la vista del observador, se compensan con un sencillo y distintivo canto aflautado, muy fácil de escuchar y característico del paisaje sonoro de muchos de nuestros sotos ribereños y otros tipos de bosque.

Pardela balear (Puffinus mauretanicus)

Considerada hasta hace poco una subespecie de la pardela mediterránea, la pardela balear es la única ave marina endémica de España. Como su nombre indica, cría en las islas Baleares, pero en sus desplazamientos puede llegar hasta el Atlántico y el Cantábrico, ya sea al golfo de Vizcaya o más al norte, o bien hasta el noroeste de África. Se trata de una especie muy amenazada, con una población en torno a las 3.000 parejas reproductoras.

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

La silueta del quebrantahuesos volando frente a los imponentes paredones de cualquier apartado rincón de los Pirineos sigue siendo una de las más impresionantes imágenes de la naturaleza española. Ave adaptada a vivir en los más duros ambientes de montaña y dotada de excelentes aptitudes para el vuelo, el quebrantahuesos es, además, un especialista en toda regla, ya que se constituye en el último eslabón en el aprovechamiento de las carroñas, de las que consume sobre todo los tendones y huesos, que fragmenta dejándolos caer desde gran altura sobre las rocas.

Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos)

Pájaro de plumaje discreto y que rara vez abandona la espesura, pese a lo cual resulta muy fácil de detectar por su inconfundible canto, que emite incansablemente, incluso durante la noche. Por su potencia, variedad y constancia, el canto del ruiseñor es posiblemente el más sobresaliente de entre todas las aves cantoras. Frecuenta zonas enmarañadas y frescas, preferentemente en vaguadas y zonas ribereñas.

Sisón común (Tetrax tetrax)

Antaño más extendido por amplias regiones de la geografía peninsular, el sisón ha sufrido un gran declive como consecuencia de las profundas transformaciones experimentadas por los paisajes agrícolas. Las principales poblaciones de nuestro territorio —donde se encuentra el mayor contingente europeo— se localizan en la Meseta sur y en Extremadura, aunque la especie está presente en muchas otras regiones, que reciben también durante el invierno ejemplares procedentes de la reducida población francesa.

Trepador azul (Sitta europaea)

Pájaro de tonos azulados, colicorto, insectívoro y forestal. De carácter un tanto inquieto y esquivo, se desplaza constantemente mientras trepa por los troncos y ramas de los árboles, comportamiento que ha dado origen a su nombre. Habita preferentemente bosques maduros emplazados en territorios con clima húmedo. Anida en huecos cuya entrada modifica añadiendo barro.

Urraca (Pica pica)

La urraca es el córvido más abundante y extendido en la Península, donde cuenta con ingentes poblaciones que han ido en claro aumento durante los últimos tiempos. Aunque en el pasado fue muy perseguida por sus supuestos daños a la caza y a los cultivos, la urraca —un ave de inconfundible plumaje blanco y negro— ha alcanzado un notable éxito por su capacidad para adaptarse a los ambientes más humanizados.

Vencejo común (Apus apus)

Los vencejos suponen la adaptación extrema de las aves a la vida aérea. Todo su ciclo vital se puede desarrollar en vuelo, excepto la nidificación. El vencejo común es el único en su especie que habita zonas relativamente frías en Europa. Los pollos han desarrollado la capacidad de entrar en un estado de torpor, similar a una hibernación, que les permite superar fenómenos meteorológicos adversos sin la necesidad de comer. En origen rupícola, actualmente cría casi de forma exclusiva en zonas urbanas, incluso en metrópolis enormes y contaminadas.

Zorzal común (Turdus philomelos)

Una de las imágenes más características del invierno mediterráneo la constituyen los nutridos bandos de zorzales comunes trajinando por los olivares o los sotos y reuniéndose al atardecer en riberas y lagunas al amparo del carrizal. Sin embargo, aunque se trata de una especie muy habitual durante la invernada en nuestras campiñas, este túrdido también frecuenta los frescos bosques del norte peninsular a la hora de reproducirse. En el pasado —y todavía hoy— el zorzal común ha soportado una intensa presión cinegética, de la que se recupera gracias a su notable fecundidad.

 

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